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Educación y conceptos del ser humano |
Con esta actividad se puede no sólo construir una sociedad
mejor, sino también apoyar a los padres de familia en
su preocupación por la futura felicidad de sus hijos. Extenderla
implica también el asunto no menos importante de definir cómo
debe ser esta educación.
Al hablar de educación nos referimos
a un proceso personal e intencional que busca ayudar a
la persona a desarrollar y a perfeccionar sus potencialidades para
que alcance su propia plenitud como ser humano y así
contribuya al bien común. Todos hoy parecen estar de acuerdo
en que ante todo se debe buscar el bien de
la persona educanda. Otros fines que se buscan, como la
capacitación para una profesión o la preparación para ejercer la
ciudadanía de forma responsable, encuentran su sentido correcto subordinados al
bien de cada persona.
Está claro que la educación siempre, entonces
también hoy, conlleva un concepto del ser humano. Se forma
buscando objetivos y se educa según unos modelos, sean explícitos
e implícitos.
Nuestra civilización occidental ha sido influenciada primero por conceptos
de educación desarrollados en la antigua Grecia y Roma. La
“paideia” griega, explicada ante todo por Platón en “La República”,
significaba moldear de manera consciente al hombre completo (desarrollo físico,
mental, espiritual) y aparecía como necesaria para alcanzar una sociedad
perfecta. La educación de niños y jóvenes en la polis
tenía relación directa con la ética y la política. Era
educación para un estado justo, (que en el caso de
Platón no se identificaba con la democracia que condenó a
Sócrates), opuesta a “techne”, es decir la educación técnica.
El lugar
del concepto de “paideia” fue ocupado en Roma por la
“humanitas”, que en textos de Cicerón significa claramente cultura, educación
y pedagogía propias del hombre libre y a la cual
están relacionadas todas las disciplinas. “Humanitas” llegó a indicar el
desarrollo de las cualidades que hacen al hombre un ser
verdaderamente humano, que lo enriquecen con una cultura y lo
diferencian del bárbaro. El concepto implicaba por tanto la construcción
del hombre civil que vive y opera en la sociedad
humana.
El humanismo renacentista hizo suyo el mismo ideal. Los
humanistas no eran solamente literatos o eruditos, sino los protagonistas
de un proyecto de transformación moral, cultural y política. Se
exaltaba al hombre libre y se reafirmaba su dignidad, creyendo
en la creatividad del hombre, en su capacidad de transformar
el mundo y construir su propio destino.
No es nuestro propósito
seguir recorriendo la historia de la educación. Más bien veamos,
que hoy día también se habla mucho de la educación
para la democracia y la ciudadanía, o educación para la
libertad. Queriendo conocer los fines de diferentes programas educativos nos
encontramos con puntos como: capacitación para el trabajo, educación para
la paz y los derechos humanos, educación para la sostenibilidad,
educación ambiental, educación para el consumo responsable, prevención del SIDA,…o
los nuevos “saberes”, etc. No siempre se entiende con claridad
qué tipo de personas se busca formar a través de
estos programas.
Recordemos, que aunque hoy no se habla del concepto
del ser humano o de unos ideales a promover por
medio de la educación, siempre los hay y deben de
ser importantes no sólo para los Estados, pero también y
sobre todo para los padres de familia como primeros responsables
de la educación de sus hijos. Se transmite estos modelos
con gran eficacia a través de los medios de comunicación,
de los centros de enseñanza y de la legislación.
Las
recientes revueltas en Francia invitan a reflexionar sobre los ideales
de las generaciones de los jóvenes implicados. ¿Son aceptables sus
ideales? ¿No será que los conceptos de libertad o de
autoridad que tienen fueron formados por las películas del cine
de moda? Podría ser bueno buscar una educación que presente
la ley como ordenamiento de la sociedad, no como opresión.
Educar en la libertad implica un concepto correcto de la
autoridad, que no se contrapone a la libertad. Sería difícil
que haya libertad sin autoridad y sin respeto a una
ley justa.
El hecho del incremento de la violencia en la
sociedad está relacionado también con el desprecio de la educación
religiosa. Parece que en el caso de la última ley
de educación española, la LOE, no se atiende debidamente a
algunas dimensiones importantes para educar en los jóvenes. ¿Qué concepto
del ser humano hay detrás? ¿Con qué criterios se determina
el programa educativo de las escuelas?
Actualmente, en España parece
haber un proceso contrario al de los países ex comunistas
de Europa. Mientras en los últimos aparecen nuevas posibilidades de
escoger libremente el colegio, en España se restringe el derecho
de los padres a escoger el tipo de educación que
quieren para sus hijos. Los Estados deberían no sólo respetar,
sino proteger este derecho.
Afortunadamente, muchas personas crecen en la conciencia
de la necesidad de preocuparse por los contenidos impartidos en
las escuelas. La especialización científica en un campo restringido, la
preparación técnica para una profesión o para cumplir responsabilidades en
la sociedad, son sin duda muy útiles, pero no suficientes.
La educación puede ayudar mucho más a la formación integral
de las personas y, elevando la cultura, a la construcción
de una sociedad mejor. La formación humanística enriquece al hombre
como hombre. No se agota en conocer la riqueza del
arte, historia, filosofía, etc. Promover el ejercicio del “pensar” por
encima del puro “asimilar” sin duda favorecerá la presencia de
ciudadanos menos manipulables, más creativos y constructivos.
Es un campo
donde hoy hay mucho por hacer.
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